temblar, pero no como antes. Esta vez no era confusión. Era reconocimiento.
Wendy lo notó de inmediato.
Kunle… ¿conoces ese coche?
Él no respondió.
¿Kunle?
Levantó la mirada despacio. Sus ojos estaban llenos de una mezcla de miedo y dolor.
Sí, dijo al fin. Creo que sé de quién es.
Wendy sintió que el corazón se le aceleraba.
¿De quién?
Kunle tragó saliva.
Ese coche pertenece a alguien que estuvo en nuestra boda.
Wendy dio un paso atrás.
No. No puede ser.
Kunle cerró los ojos, como si pronunciar el nombre fuera más difícil que recordar el accidente.
Y cuando finalmente lo dijo, Wendy sintió que el mundo volvía a quebrarse justo cuando pensaba que ya habían sobrevivido a lo peor.