Afuera seguía lloviendo. Adentro, por primera vez en muchos años, la casa no sonaba a miedo.
Sonaba a una canción que por fin había encontrado dónde quedarse.
Afuera seguía lloviendo. Adentro, por primera vez en muchos años, la casa no sonaba a miedo.
Sonaba a una canción que por fin había encontrado dónde quedarse.