Llamó “Mi Cielo” Al Hombre Equivocado Y Descubrió Una Trampa

no asistente.

—¿Lista? —preguntó él.

Valeria miró las mesas sencillas, las flores blancas, las mujeres que entraban sin bajar la cabeza.

Sonrió.

—Ahora sí.

Desde la entrada, Santiago Beltrán la observó sin escoltas visibles, con las manos en los bolsillos y una expresión tranquila.

Valeria se acercó a él antes de que pudiera decir nada.

—Bienvenido, señor Beltrán —dijo con formalidad perfecta.

Él bajó la mirada, divertido.

—¿Señor Beltrán?

Valeria acomodó una tarjeta sobre la mesa principal.

—Estoy trabajando.

—Entiendo.

Ella dio dos pasos, luego se detuvo y miró por encima del hombro.

—Pero no pise mis listas, mi cielo.

Santiago sonrió.

Esta vez, nadie tuvo miedo del silencio que siguió.

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