La dejaron sin habitación después de que ella pagó toda la celebración

acercó hasta quedar a pocos centímetros de mí.

—¿Vas a destruir el compromiso de tu hermano por un papel?

—Estoy evitando que cargues una fiesta privada a una empresa que debe proteger sesenta y ocho empleos.

—Esos empleados no son tu familia.

—Precisamente por eso no esperan que yo mienta para demostrarles amor.

Ernesto apretó la mandíbula.

Adriana intercambió una mirada con Mauricio.

—Hay otro elemento que deben escuchar —dijo ella—. La llamada utilizada para cancelar la habitación fue grabada. El sistema informó a la persona que llamó al comienzo de la comunicación.

Mi madre cruzó los brazos.

—Reprodúzcanla.

Mauricio abrió una grabación en la tableta.

La voz de Beatriz llenó el vestíbulo.

—Retire a Daniela de la reserva principal. No quiero que vea el folio completo ni que esté cerca cuando lleguen los abogados.

Después se escuchó a mi padre.

—Antes del mediodía todavía podemos registrar los cargos como cortesías del accionista. Cuando Marea Sur tome el control, ya será problema de ellos.

Hubo unos segundos de ruido. Luego apareció una tercera voz.

La de Tomás.

—Mándenla a cualquier hostal. Cuando termine el fin de semana, le digo que fue un error del sistema.

Juliana retrocedió un paso.

—¿Sabías que tu hermana había pagado y aun así permitiste que la dejaran sin habitación?

Tomás palideció.

—No sabía nada de la firma. Solo quería evitar una pelea.

—No —respondió Juliana—. Querías disfrutar la fiesta sin tener que mirarla a la cara.

Mi hermano intentó tomarle la mano, pero ella la retiró.

Mi madre me miró con furia.

—¿Estás satisfecha? Ya lograste poner a todos en contra de todos.

—La grabación no la hice yo.

—Siempre encuentras una forma de parecer inocente.

En ese momento, las puertas principales del hotel se abrieron. Camilo Ferrer, el abogado que había dirigido la capitalización, entró con un sobre sellado y dos miembros independientes de la junta.

Mi padre recuperó una pequeña sonrisa.

Camilo se acercó a mí.

—Daniela, necesitamos reunirnos de inmediato. Tu padre presentó una solicitud de emergencia para suspender el traspaso. Afirma que ocultaste tu relación con Marea Sur y utilizaste información confidencial para adquirir el control.

Ernesto se enderezó.

Había preparado una segunda trampa por si la primera fallaba.

—Hasta que la junta resuelva —dijo mi padre—, mi hija no puede tomar ninguna decisión sobre este hotel.

Camilo negó con la cabeza.

—La transferencia sigue vigente. Pero la junta debe revisar la acusación antes de la presentación oficial.

Nos trasladamos a la biblioteca privada, una sala fresca con estanterías de madera oscura y ventanas orientadas al patio interior. Los dos miembros independientes de la junta se sentaron junto a un representante del banco acreedor. Mi padre ocupó una silla frente a mí. Beatriz y Tomás esperaron afuera.

Ernesto comenzó hablando de ética, transparencia y conflictos de interés. Dijo que yo había utilizado información obtenida como asesora para comprar la deuda a escondidas. Aseguró que jamás había sabido que Marea Sur me pertenecía y que, de haberlo sabido, habría impugnado la operación meses atrás.

Lo escuché sin interrumpir.

Cuando terminó, Camilo abrió mi carpeta azul.

El primer documento era una notificación enviada a todos los accionistas el 2 de febrero. Informaba el nombre de los beneficiarios finales de Marea Sur, incluido el mío.

Debajo estaba la confirmación de lectura de Ernesto.

El

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