Volvió A Casa Y Descubrió El Sobre Oculto De Su Madre

la tarde le cayó sobre el rostro.

Ya no había sobres en la mesa, ni voces ajenas decidiendo cuánto valía su cansancio, ni una silla ocupada por alguien que no estaba dispuesto a ayudar.

Clara encontró a Tomás mirándola.

“¿Qué?”, preguntó.

Él sonrió con tristeza y ternura.

“Nada.

Solo estoy viendo claro.”

Ella entendió.

Caminó hacia él y le tomó la mano.

En el patio, Lucía levantó una llave hacia el cielo.

“¡Papá, mamá!”, gritó.

“Aquí va mi castillo.”

Tomás miró a su hija, luego a su esposa, y sintió que por primera vez en mucho tiempo la palabra familia no pesaba como una deuda.

Sonaba como una puerta abriéndose.

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