brillo oscuro de la tinta en la punta recién restaurada. Pienso en los hombres de mi familia. En lo que heredamos sin querer. En lo que repetimos por cobardía. En lo que todavía se puede cortar a tiempo.
No salvé a mi hijo aquella noche.
Tal vez fue la primera vez en mi vida que dejé de impedirle tocar fondo.
Y, aunque me duela admitirlo, quizá ésa fue la única oportunidad real que le quedaba.