Mi Hija Reconoció a Su Madre Muerta en la Terminal

me estuvieran devolviendo el mundo cucharada por cucharada.

Antes de dormir, Lucía pidió la canción.

Valeria la cantó con la voz quebrada, pero viva.

Yo me quedé en el pasillo, apoyado contra la pared, llorando sin esconderme. No lloraba por la tumba falsa, ni por los años robados, ni por la traición de Ramiro.

Lloraba porque mi hija había señalado a una mujer que nadie miraba y, con la certeza limpia de los niños, había encontrado la verdad que todos los adultos habíamos enterrado.

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