La residente dijo ser su esposa, pero no sabía quién era ella

enfermera inclinándose para hablar con un niño, un camillero cubriendo con una manta a una anciana, Samuel cruzando hacia urgencias con paso rápido, la vida entrando y saliendo por las puertas automáticas.

Por primera vez en mucho tiempo, no pensó en Gabriel.

Pensó en su padre.

Pensó en la mujer que había aterrizado agotada, manchada, traicionada.

Y pensó en la que estaba de pie ahora.

Guardó la fotografía en el bolsillo interior de su saco y caminó hacia los elevadores, no hacia el acceso privado, no hacia la sombra.

Hacia arriba.

Hacia su oficina.

Hacia el lugar que nunca debió abandonar.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *