La Abandonó Tras Dar A Luz, Pero Ignoraba Su Verdadero Apellido

una cama de hospital. Vio a una madre con ojeras, una cicatriz bajo la ropa, una niña dormida en brazos y una paz que nadie le había regalado.

En la mesa del pasillo estaba la copia final del divorcio. Valeria la tomó, la guardó en un cajón y apagó la luz.

Lucía suspiró contra su cuello.

—Ya estamos en casa —susurró Valeria.

Y por primera vez en mucho tiempo, la palabra casa no sonó como un lugar que debía defender.

Sonó como algo que por fin era suyo.

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