Elena.
Y por primera vez en la noche, alguien en la sala parecía realmente inquieto.
—Hace tiempo que esperaba este momento —dijo Marcus lentamente.
Julian frunció el ceño.
—¿Qué momento?
Marcus no lo miró.
—El momento en el que dejaras de ser el dueño de una ilusión.
Elena se acercó un paso más, ahora a la distancia exacta donde las palabras se vuelven inevitables.
—No vine a destruir esta familia —dijo—. Vine a recuperar lo que firmaste cuando creías que nadie volvería a preguntarte por ello.
Un asistente del salón intentó moverse, pero se detuvo cuando Marcus levantó ligeramente la mano.
El poder en esa sala estaba cambiando de dirección.
—El fideicomiso Astoria no fue diseñado para ti, Julian —dijo Marcus finalmente—. Nunca lo fue.
Julian abrió la boca, pero no salió sonido alguno.
Elena tocó suavemente el diamante en su cuello.
—Este no es solo un collar —dijo—. Es la llave legal de control de todo lo que crees que posees.
El silencio que siguió fue absoluto.
Y por primera vez en su vida, Julian Sterling entendió que la riqueza no era lo único que podía desaparecer en una noche… sino también su identidad entera.
Elena levantó la mirada hacia todos los presentes.
—Esta gala termina aquí —dijo con calma—. Y a partir de ahora, nada en Astoria volverá a ser lo mismo.