golpeando a las tres de la mañana, en la lluvia, en la llave azul, en la voz de Julián saliendo desde la oscuridad.
Y por primera vez en mucho tiempo, la memoria no me dio miedo.
Solo me recordó lo que una madre puede hacer cuando alguien toca la puerta buscando llevarse a su hijo.
Abrir los ojos.
Cerrar el paso.
Y correr hacia la verdad aunque tiemble todo el mundo.