digo que está exagerando.
Le digo que escuche.
Que observe.
Que no permita que nadie lo convenza de ignorar lo que su propio cuerpo ya entendió.
Porque a veces una sospecha no es paranoia.
A veces es una advertencia.
Y a veces, la verdad que puede salvarte la vida está escondida justo debajo del lugar donde duermes.