paredes negras por el humo de décadas viejas y charcos rojizos bajo la lluvia. Tomás bajó con las manos visibles. Llevaba una carpeta falsa preparada por Salcedo. Alma permaneció en el vehículo, pero desde allí…
vestíbulo. La bugambilia nueva quedó apenas visible bajo la lámpara de la calle. Antes de irme, toqué la puerta restaurada con la punta de los dedos, como se toca algo vivo. —Ya no voy a…
que era demasiado —murmuró. —Sí —respondí—. Y luego habría preguntado cuántos niños caben en la primera lista. Por la tarde, cuando todos se fueron, caminé sola por el edificio. Pasé frente a la sala de…