Mi hija me llamaba una carga hasta la madrugada en que me fui

estaba a tiempo de reparar. Hay verdades que tardan años en asentarse.

Yo seguí ayudando a Mateo con la tierra.

No necesitaba humillarla para sentirme en paz.

Ya había recuperado algo más importante.

Mi llave.

Mi puerta.

Mi nombre entero dentro de una vida que volvía a ser mía.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *