a una familia no exige financiar sus mentiras. Que poner límites no destruye hogares; solo deja de sostener fachadas.
Y aprendí que, a veces, una sola palabra puede salvarte.
Anotado.
Esa fue la palabra que envié cuando me echaron de una mesa que yo había estado pagando.
También fue la palabra con la que mi vida dejó de pertenecerles.