La Excluyeron Del Viaje Que Pagó, Pero Ella Guardaba La Reserva

computadora y abrió el correo.

Confirmación de reserva.

Hotel Bahía Santa Clara.

Seis habitaciones vista al mar.

Paquete familiar premium.

Tarjeta terminada en 8041.

Nombre del titular: Lucía Andrade.

Contacto principal: Lucía Andrade.

Total abonado: 18.700 dólares.

Lucía miró la cifra durante largo rato.

No era dinero sobrante.

Era su bono anual, parte de sus ahorros, varios meses de esfuerzo.

Había renunciado a cambiar su auto.

Había pospuesto arreglos en su propio apartamento.

Había trabajado fines de semana para cerrar un proyecto y sentir que podía permitirse esa locura.

Una foto familiar, pensó con amargura.

Eso había querido comprar.

Su prima Elena llamó cerca de las diez.

“¿Estás bien?”

Lucía cerró los ojos.

“¿Tú sabes algo?”

Elena dudó.

Esa duda dijo más que cualquier respuesta.

“Me agregaron a un grupo nuevo por error.

Creo que pensaron que yo no te iba a contar.”

“¿Qué grupo?”

Elena le envió una captura.

El nombre era “Cartagena en Familia”.

En la imagen, Mateo aparecía frente al espejo usando una de las pulseras azules.

Debajo había escrito: “Listos para viajar sin dramas.

Lucía decidió quedarse por trabajo, así que por fin será un viaje tranquilo.”

Sin dramas.

Lucía sintió un ardor seco detrás de los ojos, pero no lloró.

Quizá ya había llorado suficiente por esa familia en otros años.

Quizá el cuerpo, después de tantas decepciones, aprende a ahorrar lágrimas.

“Lo siento”, dijo Elena al otro lado de la línea.

“No sabía si mandártelo, pero… no me parecía justo.”

“Gracias.”

“¿Qué vas a hacer?”

Lucía miró la pantalla.

Miró su nombre en la reserva.

Miró la frase de Mateo.

Por primera vez en mucho tiempo, no pensó en cómo calmar a todos.

Pensó en sí misma.

“No sé todavía”, dijo.

Pero en realidad, algo dentro de ella ya lo sabía.

Durmió poco.

A las seis de la mañana estaba en la cocina con café frío, la computadora abierta y todos los documentos descargados.

Leyó las políticas del hotel.

Leyó los términos del paquete.

Confirmó algo importante: ella era la titular de la reserva, la única autorizada para hacer cambios.

Los nombres de los demás eran huéspedes agregados, no pagadores.

A las ocho en punto llamó.

“Hotel Bahía Santa Clara, le habla Marcela.

¿En qué puedo ayudarle?”

Lucía dio su número de reserva.

Oyó teclas al otro lado.

“Sí, señora Andrade.

Aquí tengo su paquete familiar.

Llegan el viernes.

Qué lindo plan.”

Lucía miró la blusa blanca en el respaldo de una silla.

“Necesito modificar la reserva.”

“Claro.

Dígame.”

“Quiero cancelar los masajes incluidos.”

Marcela confirmó sin hacer preguntas.

“También la cena privada en terraza.”

“De acuerdo.”

“Los traslados en camioneta ejecutiva.”

“Cancelados.”

“El tour a las islas, el paquete de bebidas, el restaurante premium y el acceso a la terraza para todos menos para mí.”

Esta vez, Marcela guardó un silencio breve.

“Entiendo.

Permítame procesarlo.”

Lucía oyó el sonido del teclado como lluvia pequeña.

Cada clic le devolvía una parte de sí misma.

“Los reembolsos parciales se harán a la tarjeta original”, dijo Marcela.

“Perfecto.”

“¿Algo más?”

Lucía apoyó los dedos sobre la mesa.

“Sí.

Quiero cambiar cinco habitaciones.”

“¿Cinco?”

“Las que están asignadas a Graciela Salas, Raúl Méndez, Mateo Andrade, Teresa Salas e Iván Rojas.

Cámbielas a la categoría más económica disponible.”

“Señora Andrade, esas habitaciones son vista al mar.

La categoría

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