victoria era una palabra demasiado simple para una noche que le había costado la imagen intacta de su hijo.
Pero se sentía de pie.
Y para una mujer que había pasado la vida entera levantándose, eso era suficiente.
Al llegar a casa, encendió una lámpara pequeña, se quitó los zapatos y puso el broche de plata sobre la mesa.
Por primera vez en mucho tiempo, la casa no le pareció vacía.
Le pareció suya.