honestidad que tengo. Nikki, cásate conmigo.”
La joven se quedó quieta.
Había imaginado ese momento, aunque no quería admitirlo. Desde el primer día en que vio a Roland había sentido una conexión extraña. Una parte de ella sabía que no debía sentir nada por él, especialmente después de todo lo que ocurrió. Pero el corazón muchas veces empieza a hablar antes de que la mente tenga argumentos.
“Pensé que nunca lo preguntarías”, dijo finalmente.
Roland levantó la mirada.
“¿Eso significa…?”
Nikki sonrió entre lágrimas.
“Significa que sí. Y no necesitas un anillo. Ya tengo tus anillos en mi vientre. Sí, Roland. Me casaré contigo.”
Roland se levantó y la abrazó con fuerza.
No fue un abrazo perfecto. No borró las heridas. No convirtió lo incorrecto en correcto. Pero fue un comienzo. Un comienzo torpe, humilde y lleno de promesas que tendrían que demostrarse con hechos.
Durante los días siguientes, Nikki cumplió lo que la madre de Roland había dicho. Llevó a Roland a conocer a sus padres.
El viaje fue tenso.
Nikki sabía que sus padres tendrían preguntas. Sabía que habría dolor. Sabía que, para ellos, verla embarazada de otro hombre cuando su matrimonio anterior todavía era un tema reciente sería difícil de aceptar. Pero también sabía que ya no podía vivir escondida.
Cuando llegaron, su madre fue la primera en verla.
Al principio, no dijo nada. Solo miró a su hija, luego miró su vientre, luego miró a Roland. Había decepción en sus ojos, pero también alivio. Porque, al final, una madre puede enojarse con una hija y al mismo tiempo agradecer que haya vuelto viva.
El padre de Nikki escuchó toda la historia en silencio.
Nikki contó lo que había ocurrido en el hospital, lo que Roland había hecho, cómo quedó embarazada, cómo su esposo la rechazó, cómo la echaron y cómo finalmente Roland y su madre la recibieron de nuevo. No ocultó la parte fea. No intentó hacer que Roland pareciera inocente. Tampoco se presentó como una mujer sin errores. Habló con la voz temblorosa, pero habló.
Roland también habló.
Pidió perdón.
No lo hizo con orgullo. No intentó impresionar a nadie. Simplemente se arrodilló y aceptó que había actuado mal.
El padre de Nikki permaneció callado durante largo rato.
Luego mandó llamar a algunos familiares. Después de varias conversaciones, la familia tomó una decisión: devolverían el precio de novia que habían recibido del antiguo esposo de Nikki. No porque la situación fuera fácil, sino porque el matrimonio anterior ya estaba roto más allá de cualquier reparación.
Nikki lloró cuando escuchó eso.
No eran lágrimas de alegría simple. Eran lágrimas de cierre. Lágrimas de vergüenza, alivio, miedo y libertad mezcladas. Por primera vez, el pasado comenzaba a soltarle la garganta.
La familia de Roland aceptó iniciar los pasos necesarios para hacer la unión correcta.
Pero una noche, después de que todos parecían más tranquilos, Nikki le dijo a Roland algo que cambió el ambiente.
“Ahora que estamos listos para ser declarados marido y mujer, todavía tengo una cosa más que hacer antes de poder descansar.”
Roland la miró con preocupación.
“¿Qué cosa?”
Nikki acarició su vientre.
“Tengo que volver a la casa de mi exesposo.”
Roland se puso rígido.
“No. Nikki, no quiero que vuelvas allí. Ese hombre te humilló. Su familia te trató mal. ¿Qué más