limpiar, alimentar o mantener en marcha las cosas que todos los demás dan por sentadas.
Dile la verdad.
Que algunas manos se ensucian no porque hayan fallado, sino porque están sosteniendo lo que otros ni siquiera ven.
Y si alguna vez ves a un hombre con botas gastadas entrar a una biblioteca elegante, una oficina brillante o una sala llena de personas importantes, no mires primero sus manos para decidir cuánto vale.
Míralo a la cara.
Quizá estés frente a alguien que ha cruzado tormentas para que tú nunca tuvieras que preguntarte si habría comida, medicina o esperanza al final del camino.