Celeste lo leyó en el baño del hotel, con las manos temblando y el maquillaje arruinado bajo los ojos.
Por primera vez desde que había entrado en la vida de Dominic, comprendió que no había seducido a un rey.
Había entrado en una guerra de sucesión.
Y Ava Moretti no estaba huyendo.
Estaba empezando.